Una historia más sobre Racing en San Luis

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02 Jul | 2022

Mi tío Jeshu me contó que aprendió a patear la pelota en las pistas del Rímac, mientras se ganaba un sencillo cuidando autos en la plazuela de Acho incitado por su hermano mayor, la quimba o la gambeta la trajo al barrio al mudarse a San Luis, cuando el abuelo compró la casa familiar en la urbanización Túpac Amarú con un financiamiento de la mutual Perú.

Ya en San Luis, mis tíos hicieron nuevos amigos peloteando frente a la parroquia, y uno de los primeros equipos que formaron los chicos de la zona empezó con una camiseta verde y short blanco con el nombre de Rodillo Negro o algo así, sin embargo, luego de ello, decidieron elegir otro nombre para el equipo, lo llamaron "Racing Club", en referencia al club con más hinchas de argentina, y al parecer, así quedo hasta el día de hoy.

Un equipo de amigos de los 70s, es hoy un club con 49 años de historia, perdón quise decir: es un club lleno de historias, porque en el fondo, el tesoro más bonito que tiene un club es eso, son las cientos de historias que los vecinos, aficionados o dirigentes comparten sobre el Club, o en mi caso los recuerdos de cuando mis familiares compartían y hablaban en alguna reunión en la mesa de la abuela, sobre sus hazañas, partidos, amigos, y campeonatos en el EMADI tras jugar por el Racing.

Todos en esta vida deberían tener la oportunidad, de crecer en un pequeño barrio celeste y blanco, de sentirse parte de algo, de ver como un balón de futbol y la calidad de los amigos y vecinos, son guardianes de tu infancia, y capaces de rescatarte, protegerte, y fortalecerte ante los retos y adversidades de la vida, tener esa tutela institucional, pero sobre todo tener un amor bonito, uno de esos tan fuertes, como parar querer y respetar una camiseta.

Escrito por Gerardo Pajares Gamarra
Fecha: 18/05/22