Entrevista al artista peruano Apolonio Zeballos
El maestro Apolonio Zeballos (1944-) es uno de los grandes ilustradores peruanos, cuyas facetas han ido desde incursionar en revistas escolares en sus inicios, hasta realizar en la actualidad obras que rescatan motivos vernaculares. Lo conocí hace más de un año, en su tienda ubicada en el cruce de la calle Narciso de la Colina con Avenida Petit Thouars (justo en frente del Gran Chimu Handicraft Market). Tuve el privilegio de que me concediera una entrevista hace más de un año, una tarde de mayo de 2019. En aquella época yo trabajaba como colaborador en el desaparecido Diario Central, cuya efímera existencia impidió que esta entrevista pudiera ser publicada. Esta es por lo tanto inédita, traída al público por vez primera por este medio. Consistió de diez preguntas, y una adicional que surgió espontáneamente, lo cual no impidió que muy amablemente me fuera también contestada por el maestro Zeballos. Sin más preámbulo, aquí la entrevista completa:
1. Cuénteme un poco de su vida, ¿cómo se inició en el mundo del arte?
Ante la pregunta, te diré muy brevemente que yo me inicio en el mundo del arte desde el momento en que ingresé a la Escuela de Bellas Artes. Esto sucedió en Arequipa. Estudié dos años y luego me trasladé a Lima con una beca. Y aquí estudié otros dos años consecutivos. Entonces, a partir de esa fecha me dedico al dibujo, especialmente al dibujo dentro del arte y la pintura, trabajando en editoriales. Esos fueron mis inicios.
2. ¿Qué recuerdos tiene de sus inicios como artista?
Bueno, haber trabajado en el diario Expreso, en el suplemento escolar. Fueron unos inicios por los años 70. Y colaboré con el periódico hasta el ‘75.
3. ¿Usted considera que su vida tuvo una influencia notable en su obra?
Sí, por supuesto. Toda vivencia del ser humano se refleja y se concreta en lo que hace y en lo que deja. Y especialmente en el mundo del arte, en donde somos testimonio de nuestras épocas. Dejamos mediante nuestra obra el testimonio de nuestra época, de la época en que vivimos.
4. ¿Considera usted qué algún artista lo influenció al menos en su carrera?
Por supuesto. En los años 60 más o menos, el 60 o 65, no recuerdo muy bien, vino una exposición itinerante de Salvador Dalí. Eso fue increíble. Ver cuadros originales de Salvador Dalí en Arequipa, una ciudad… la segunda ciudad del Perú, pero que en relación a las europeas es una distancia enorme. Pero ver ahí en Arequipa cuadros de Salvador Dalí fue muy emocionante. Y también ver las obras de, aunque impresas, de Vicente Van Gogh. Fue increíble, eso me marcó a mí por siempre.
5. ¿Cuáles considera han sido sus mejores obras o quizá alguna de sus obras?
¿Mis obras? Todavía no está por realizarse. Es decir, tal vez tenga algunas inéditas, pero sobre las que he hecho he vendido varias en el extranjero, cuyos nombres no recuerdo la verdad. Pero sí, hay una de un niño, un niño pensando, lo realicé en el Ecuador, y tuvo muy buena acogida en la crítica. Y eso fue en acuarela, no fue en óleo. Posteriormente he hecho cuadros de mayor tamaño, pero hablando con mucha sinceridad, fueron cuadros pedidos. Es decir, no fue realizado con toda mi creatividad, mi talento, mi potencial artístico, sino fueron pedidos de clientes que querían tal cosa y había que realizarlo.
6. ¿Usted qué mensaje le gusta transmitir mediante sus obras?
Bueno, nosotros vemos de que la vertiginosa aparición de la tecnología ha trastornado nuestra civilización, y nos hace pensar en un antes y después. El arte antes de la tecnología, el arte plástico antes de la tecnología, era un arte con todas sus variables muchas veces frívolo, ambiguo, pero con notaciones de las vivencias del momento. Y reflejan todos los aspectos de las pinturas, inclusive la clásica, del renacimiento, y la impresionista, las vivencias del artista de esa época. Y después de la aparición de la tecnología, esa ha sido como repito trastornadora en todo el sentido de la palabra. Nosotros los artistas plásticos, me parece, tengo la impresión: nuestra civilización moderna, actual, recuerdo por ejemplo a los vikingos en sus barcos de madera conquistando el mundo o a los esquimales, tratando de sobrevivir en un ambiente tan inhóspito. A nosotros los artistas plásticos nos recordaran así más o menos. En las épocas, culturas, donde ya… El arte es perpetuo, pero los artistas nos extinguiremos. Tendremos otro tipo de arte tal vez, pero el arte plástico así, hecho como actualmente se hace o como se hizo antes con las manos. Y buscar lo que uno tiene en la cabeza, buscar en el material del lienzo o en la piedra, eso ya me parece que se extinguirá.
7. ¿Considera qué durante su trayectoria su obra pasó por cambios notables?
Sí, por supuesto. En la época de estudiante me influyó mucho el clásico y el surrealismo con la exposición de Salvador Dalí. He hecho varios cuadros surrealistas, que es lo que más me apasiona, y también impresionismo. Ahora, yo soy pintor, exclusivamente pintor, por la necesidad de sobrevivencia. Es que cuando a uno le dicen “Si tú te vas a dedicar al arte, tienes que saber que el arte es un sacrificio que nadie te lo paga”. En ese momento uno no lo entiende, no lo asimila. Simplemente quiere pintar, quiero pintar y nada más. Tengo muchas cosas aquí en la cabeza y en el alma que quiero sacar y ponerlas en un lienzo. Uno no piensa en la cuestión económica, pero el devenir de los tiempos, cuando las exigencias sociales, el matrimonio, te exigen que generes, generes ingresos para sobrevivir. Entonces ahí entiendes esa frase. Tienes que entender que tú vas a hacer un sacrificio. Y actualmente estoy haciendo unos cuadros que todavía no los muestro, pero sí, te los puedo enseñar. (Procedió a enseñarme algunos de los cuadros que había realizado) Tengo algunos en el teléfono, son inéditos, pero no te los puedo enviar. Están realizados en la escuela del surrealismo. Tengo acá el último que estoy realizando. Siempre me gusta tomarles fotos en el proceso. Lo que trato de expresar acá es que nosotros como civilización humana somos una semilla que brota. ¿Quién la sembró? No lo sabemos. Pero yo lo interpreto esto (el cuadro) como que vinimos de las estrellas y retornamos a las estrellas. Precisamente esto (el cuadro) está graficando esa idea. Retorno a las estrellas. Ahora, no quiero llenar el cuadro con detalles. Quiero poder pintar la figura central sola. Es decir, la idea sola sin complementos. Eso es lo que trato de hacer en mi nueva obra, mis nuevos trabajos, que ya a mi edad tengo poco tiempo para hacer nueva producción, pero en ese sentido: surrealista.
8. ¿Cómo ve usted el arte contemporáneo?
Precisamente lo que estaba comentando sobre la tecnología. Estamos un poquito en una fase de confusión. ¿Qué queremos brindar?, ¿qué hacemos si el arte visual aparece en toda su grandeza?, ¿qué hacemos con nuestros pinceles? Las expresiones pueden seguir saliendo. Hay muchos más artistas de lo que uno esperaba, y eso me alegra. Pero con este fenómeno hay pocos interesados. La gran masa ya no se inclina por el arte plástico, más se les va por el arte virtual, y contemporáneamente me parece fabuloso.
9. ¿En qué proyectos se encuentra usted trabajando actualmente?
En hacer cuadros con una proyección mística. No quiero repetir la naturaleza tal cual, sino pintar las ideas que tengo, que están madurando hace tiempo dentro de mí, y quiero dejarlas en un lienzo. Se muestre o no se muestre pero ahí las dejaré.
10. ¿Qué consejo le daría a los jóvenes que quieren iniciarse como artistas?
Que conserven y siempre persigan sus sueños. Que nunca dejen de soñar. Que siempre la luz que los ilumina allá, a lo lejos, nunca se apague. Nunca permitan que se apague. Esa luz será más grande cada vez. Ya porque ustedes se acercan o porque ella viene hacia ustedes. Sigan siempre pegados a esa idea. Ustedes van a conseguir todo lo que quieren, pero solamente ustedes. No hay otro elemento que los haga artistas a ustedes. Ustedes son los únicos que se pueden formar.
11. Pregunta adicional: ¿Alguna anécdota que haya tenido por casualidad con algún artista, alguna vivencia o algo que le impresionó al conocer algún artista?, ¿quisiera compartir algo así?
Sí, por supuesto. Me hubiera gustado guardar testimonios gráficos sobre lo que te voy a contar, pero tengo muy poco. Estuve en el Ecuador trabajando como director de arte de una agencia de publicidad, de un norteamericano Joe Peterfield, la agencia se llamaba Publicitas. Fui contratado, estuve trabajando allí, y por la época de los ochentas más o menos, cuando se produjo la guerra del falso Paquisha. En mis años libres yo pintaba acuarelas, y cuando se produce la guerra me detienen, me detiene la marina de guerra del Ecuador. Entonces con lo que ya ustedes podrán imaginar que hacen con un natural del país enemigo, entre comillas, porque nosotros nunca fuimos enemigos, ellos nos habían hecho sus enemigos, me llevaron prisionero por quince días. La marina de guerra del Ecuador. Ahora, ustedes imagínense lo que pasó sabiendo ellos de que yo había sido comando del Ejército peruano. Eso no lo puedo narrar con detalles. Pero yo salí en libertad porque todos los artistas y los medios de comunicación ecuatorianos hicieron que me pongan en libertad. A ellos les debo a que yo esté vivo todavía. Y seguí pintando en el Ecuador, no quise dejar el Ecuador en esas condiciones. Y me vine al Perú cuando yo decidí venir, no porque me botaron, no porque me hostilizaron. Esa es una anécdota que te la cuento y te dije que hubiera querido tener gráficos, periódicos sobre eso porque sí hubo, hubo bastante publicidad sobre mi caso. Inclusive comentó un crítico de arte “¿Qué pasaría si a nuestro Oswaldo Guayasamín lo meten en una mazmorra por quince días en el Perú?” Eso desgraciadamente se perdió porque me lo incautaron, yo lo tenía recopilado pero me lo incautaron. Eso es todo lo que podría decir. Anécdotas hay un montón. Todo lo que uno tiene adentro, ese potencial que quiere salir, y a veces uno no puede controlarlo. Algunos lo disipan con el alcohol o con la droga, yo lo disipo con la adrenalina. Me voy a los cementerios a medianoche y al día siguiente me siento muy bien, me siento rejuvenecido totalmente, me siento extraordinariamente bien. O de pronto subir una montaña, hace tiempo que no lo hago, en los Andes peruanos. Esa adrenalina es la que me hace sentir que todavía estoy bien.